Semana 1: diagnóstico y punto de partida
La primera sesión no es una clase, es una medición. Aplicamos un examen corto de matemática y comprensión lectora para saber en qué nivel real está el estudiante, no en el que cree estar. Con los resultados armamos un perfil por área y decidimos si conviene nivelar temas base o entrar directo a práctica de admisión. Si el postulante viene de un segundo intento, revisamos también el puntaje del examen anterior.
Semanas 2 a 4: cronograma y primeras tutorías
Con el diagnóstico listo, definimos cuántas horas semanales puede sostener el estudiante entre colegio, academia y traslados. El cronograma asigna bloques fijos a matemática y comprensión lectora, y bloques flexibles a repaso. Las tutorías en grupo reducido arrancan con los temas que el diagnóstico marcó como débiles. Cada semana se entrega material descargable y una lista corta de ejercicios para resolver en casa.
Mes 2: simulacros cronometrados y banco de preguntas
Aquí empieza la parte incómoda: rendir contra el reloj. Los simulacros se toman en condiciones parecidas a las del examen real, con el mismo tiempo por área. Después de cada uno se revisa pregunta por pregunta, separando los errores de contenido de los errores de tiempo o de lectura apresurada. El banco de preguntas por área se va ajustando según los temas donde más falla el grupo.
Mes 3: refuerzo focalizado y orientación vocacional
Cuando el avance semanal muestra estancamiento en un tema puntual, se abren tutorías de refuerzo fuera del horario regular. En paralelo trabajamos orientación vocacional básica: qué carreras se ajustan al perfil del estudiante, qué exige cada una en el examen y qué alternativas existen si el puntaje no alcanza para la primera opción. No se trata de decidir por él, sino de darle información concreta para elegir con criterio.
Semanas finales: repaso, ritmo y descanso
Las últimas dos semanas no se aprenden temas nuevos. Se repasan los apuntes propios, se corrigen los errores que más se repitieron en los simulacros y se ajusta el ritmo de sueño. Insistimos en algo que muchos ignoran: llegar descansado al examen rinde más que una noche extra de repaso. El seguimiento semanal se mantiene hasta el día previo, con una sesión corta de dudas.